No importa cuál haya sido tu pasado, cuánto hayas fallado ni qué tan lejos sientas que estás de Dios. Jesucristo vino para buscar y salvar lo que se había perdido. Hoy puedes comenzar una nueva vida con Él.
La Biblia enseña que la salvación no se obtiene por nuestras obras, méritos, religión o buenas acciones. Es un regalo de Dios que recibimos por gracia mediante la fe en Jesucristo.
El primer mensaje que debes conocer es que Dios te ama. Fuiste creado por Él y para Él. Su deseo no es destruirte, sino darte vida y reconciliarte consigo mismo.
Nuestro mayor problema no es solamente lo que sucede alrededor de nosotros. El pecado nos ha separado de Dios. Ninguna persona puede decir que nunca ha fallado. Todos necesitamos perdón.
Dios es amor, pero también es santo y justo. El pecado trae separación de Dios y muerte espiritual. Por nosotros mismos no podemos pagar la deuda del pecado ni salvarnos.
Dios hizo por nosotros lo que jamás podríamos hacer por nuestra propia cuenta. Jesucristo vino al mundo, murió por nuestros pecados en la cruz y resucitó. Él pagó el precio de nuestra redención.
Arrepentirse no significa simplemente sentir tristeza por haber pecado. Es reconocer nuestra condición, abandonar el camino del pecado y decidir volvernos sinceramente hacia Dios.
La salvación se recibe depositando nuestra fe en Jesucristo. Creemos que Él murió por nuestros pecados, que Dios le levantó de los muertos y que solamente Él puede salvarnos.
Seguir a Cristo implica reconocerlo públicamente como nuestro Señor. Ya no queremos vivir gobernados por nuestra propia voluntad; queremos que Jesucristo sea quien dirija nuestra vida.
La salvación no se encuentra en una religión, denominación, tradición o institución. La salvación está en una Persona: Jesucristo.
Si has comprendido tu necesidad de salvación y deseas entregar sinceramente tu vida a Jesucristo, puedes hablar con Él con tus propias palabras. Si no sabes cómo comenzar, esta oración puede servirte como una guía:
Señor Jesús, reconozco que soy pecador y que necesito
tu perdón. Creo que moriste por mis pecados y que
resucitaste. Me arrepiento de mi manera de vivir y
hoy vuelvo mi corazón a Ti.
Perdona mis pecados, limpia mi vida y ayúdame a
caminar contigo. Creo en Ti, te reconozco como mi
Señor y Salvador y quiero seguirte desde hoy.
Gracias por tu amor, tu misericordia y la nueva vida
que solamente Tú puedes dar.
En el nombre de Jesús. Amén.
Habla con Dios cada día. La oración es parte esencial de tu relación con Él.
Comienza a conocer a Jesús y su voluntad mediante la Palabra de Dios.
Busca una congregación fiel a la Palabra donde puedas crecer y servir.
Aprende a obedecer a Cristo, bautízate y permite que Él transforme cada área de tu vida.
No esperes hasta sentirte suficientemente bueno para acercarte
a Dios. Ven a Jesucristo tal como estás.
Él puede perdonar, restaurar y transformar tu vida.
Jesús sigue salvando.